Un breve recuento de un caraqueño moderno

Lo que les dejo a continuació no es de mi autoria, es solo otro de esos mail que te gusta compartir porque de su narración jovial nos muestra lo que somos, tal vez una simple sátira.

A mis conciudadanos les informo algo:

No es muy difícil adivinar lo del recuento, es sobre lo acontecido a un joven caraqueño, cerca de los treinta, simpático, alegre, muy moderno, estudioso, que en su corta vida ya le han pasado muchas cosas; veamos cuales han sido éstas:

Puedo recordar cuando el famoso y terrible terremoto de mi ciudad yo era un bebé, y vivía con mis padres en la Urbanización Los Palos Grandes, en el Este de la ciudad, por culpa de esa tragedia, nos mudamos a otra urbanización en el Este de Caracas, a la Urbanización El Marqués, y en un famoso colegio de esta zona estudié, luego pude ir a la Universidad, gracias a la ayuda constante y tesonera de mis padres y con esto pude graduarme de periodista o de comunicador social, tal como somos nombrados actualmente.

Ya era todo un hombre, comenzaba a ganar unos realitos, por mi propia inteligencia y audacia, cuando por esa misma fecha se produjo eso que llamaron “viernes negro, quiero decir, se acabó el dólar norteamericano barato a bolívares 4,30; y con esta nueva tragedia nacional no he podido viajar fuera de mi país, conocer mundo, no he podido hacer mercado en los “mayamis” ni mucho menos tomar buen vino en Francia acompañado del mejor queso, ni pude ver la tal Torre de Pisa ni la Eiffel en París, que según las fotos de las revistas esta medio “chueca”, la tal Pisa; pero sin salir de mi país no me he podido comprar un carro, y a pie no levanto ni sirvienta. Total, de esa “grande y rica Venezuela” que no conocí ni la pude gozar, simplemente llegué tarde, nací como unos cinco años después que “falleciera”, la pobre . . . , para dolor de mi vida ciudadana.

Pero la insistencia vence lo que la dicha no alcanza, parece que dice el refrán, por esa razón me casé, para ser moderno me divorcié, y normalmente paso la tal mensualidad, que me impuso como castigo, en combinación con mi ex – esposa, la juez amiga de ella, en un juicio casi relámpago.

Nada nuevo, dirían ustedes, pero como la revista donde trabajaba la venderían a un consorcio extranjero me liquidaron doble; pero sin problema, pues ya tenía otra oferta de trabajo desde hacía un mes, y mi dinero lo deposité en una cuenta en dólares; (off shore), creo que es así como se llamaba; en el Banco Latino con el resto de mis ahorros, y casi de inmediato vino la “crisis bancaria”.  No me digan nada más, es cierto lo que piensan, y me quedé sin plata, como decimos en criollo en la total y más grande “carraplana”, y se me olvidaba, el otro trabajito no se dio, simplemente porque la otra revista también tenía su dinero en el mismo banco que yo. Sin comentario . . . . . .

A duras penas, matando tigres como dicen en la televisión, y con ciertas recomendaciones conseguí un puestico en un diario de la capital, y claro, otra tragedia se cernía sobre la ciudad de Caracas, los militares alzados con golpes y más golpes militares, y yo corriendo por esas calles como un loco, pasándome los plomazos cerquita y con el miedo hereje; finalmente, con la lengua afuera me pude meter en la iglesia de Santa Capilla, y cuando terminaron todos estos ajetreos militares, le di las gracias a todos los santos y las vírgenes que hay en la iglesia. Amén.

Todavía con el susto en la garganta, hablé con mi jefe y le pedí un traslado, a donde fuera; el cual me fue concedido casi de inmediato, por existir una plaza vacante me enviaron de corresponsal al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en consecuencia me mudé de inmediato a una preciosa quintica en la urbanización “Los Corales”, no quería más carreras con los plomazos silbando a mí alrededor, quería cierta tranquilidad y paz en mi vida, quería cumplir tranquilo con mi labor de comunicador, ahora vivía en paz y con gran placer.

Si, en la urbanización “Los Corales” misma, y ese fin de año “electoral” “elegí” bien mal, me quedé en la calle indignado, dignificado, damnificado, desolado, triste y en la carraplana, otra vez.

Yo oigo hablar a todo el mundo de la tal “pelazón” que están pasando, hablan de la crisis económica, de la economía estancada y cosas por el mismo estilo, comentan del tal presidente de la República, que constantemente se la pasa hablando en cadenas y viajando para todas partes del mundo sin ningún sentido, con todo y su séquito, que según parece quiere conocer mundo con el dinero de los contribuyentes; y yo, de verdad pelando. . .

Y se me olvidaba, dentro de la tal “crisis” que atravieso o atravesamos todos, se me olvidaba decirles que me han atracado dos veces, la última vez me golpearon fuerte por ser un “pendejo” sin plata, ni reloj ni nada de valor encima, ¿qué tengo que hacer?, en el caso de cuando me atraquen nuevamente, por supuesto, acepto cualquier recomendación al respecto.

Un vecino, de donde vivo arrimado, me dice que no pierda las esperanzas, debe ser así, además eso no me lo pueden robar, ni siquiera con la crisis que inventen, recuerden, soy un caraqueño neto y por consiguiente con mucho humor, ¿y que voy hacer?, aguantarme, resignarme y callarme, no quejarse y esperar que sea verdad que uno se puede ganar un kino y al cara. . .a..a….j.j….o. . . .o ¡ ¡ ¡

Actualmente con lo nuevo de la “flotación” del valor del dólar, ya comenzaron a subirme todos los precios de las pocas cosas que podía cobrar, y estoy esperando los “trancazos” que van a venir en las facturas de los tales servicios básicos. Ya veremos hasta donde podré pagar, sino al cara. . .a. . a. . . j . .j  . . . o. o. ¡ ¡ ¡

Entre paréntesis, de mis abuelos tengo el recuerdo de la única línea de autobuses de su época para viajar al interior del país, era la línea “A. R. C.”, la cual estaba establecida en Puente Hierro o en Puente Restaurador, en realidad no recuerdo muy bien, pero que por su deficiente servicio y como único remedio a la necesidad, el pueblo le pusiera Aguante, Resista y Cállese; no es necesario explicar el porqué de dicho slogan, y sin mucha diferencia con la actualidad, ¿no es así?.

¿Qué tal?, mi vida es pues, un verdadero caso, ¿no lo creen así? Recuerden que vivo en Venezuela, pero no soy ni “bolivariano” mucho menos “revolucionario” ni tampoco “participativo”, menos ser el tal compatriota. Como se dice normalmente: PASO Y GANO, aunque no sé que es lo que lo gano.

De Uds., muy atentamente,

Un Caraqueño “dignificado” y “carajeado”, gracias.

 

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